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Lo que nadie te cuenta sobre la operación bikini

¿Estás pensando en ponerte a dieta estricta porque faltan dos meses para ponerte el bañador? ¿Estás pasándolo mal, pero piensas que en poco tiempo el sufrimiento terminará y volverás a comer normal?  Y cuando pase el verano, ¿qué pasará con tu cuerpo, con tu manera de comer y con tu salud?

Llega ya el buen tiempo y empiezo a leer y escuchar en todos lados hablar sobre la maldita operación bikini, y las dietas milagrosas.

Te prometen de forma ilusoria una solución rápida para perder esos kilos de más, haciéndonos creer que seremos felices, bellas, que todo estará bien...

Como haciéndonos creer que somos imperfectas, incompletas, que hay algo malo en nosotras que se reparará cuando adelgacemos...


De golpe nos miramos al espejo, nos pesamos y nos entra la desesperación. Vienen las prisas, la impaciencia, esos "quiero resultados rápido y ya porque quiero quitarme rápido esto de encima" 

Lo primero que voy a decirte es que las dietas no funcionan, en todo caso, tal y como las tenemos entendidas. Si lo hicieran, no habría millones de personas con sobrepeso  y obesidad en el mundo.

No obstante, no te sientes bien, tienes ganas y necesitas cambiar de una forma urgente.

Te comprendo totalmente, sin embargo, cuidado porque la desesperación nos lleva a tomar decisiones sin ton ni son y a emprender acciones des de la impaciencia que pueden perjudicarnos. 

Por ejemplo, realizar una dieta más, posiblemente más estricta todavía cuando ya sabemos que nos daña, nos perjudica y que no nos han funcionado.

Nunca funcionan, o sí de forma temporal pero volvemos a lo de antes o mucho peor. 

Sin embargo, lo único de bueno que tiene esta época, es que quizás nos llena de impulso y motivación.

¡Algo que no podemos desperdiciar!

"Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo." Albert Einstein

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¿Cómo aprovechar el impulso y la motivación que tienes ahora?

Puedes aprovechar el impulso que tienes ahora para bajar esos kg de más.

En vez de hacer una dieta temporal -que ya sabes que no te ha funcionado con el tiempo- dar el paso a un proceso real y sostenible para transformar tu alimentación y tu estilo de vida para siempre.

La fuerza y las ganas que tienes ahora te pueden ayudar a dar el primer paso en este camino hacia la libertad que tanto deseas.

La motivación para empezar es esencial ya que uno de los momentos de un proceso en los que se necesita más fuerza es "el arranque".

Es por ello que este momento se compara con el despegue de un vuelo en avión. Es cuando se requiere más energía.

Por lo tanto, si ahora estás con muchas ganas de empezar a hacer algo,  ya tienes lo básico para empezar ; ) 

Motivación externa y motivación interna

Lo dicho: Ponerse el bikini en verano y sentirse bien puede estar bien como incentivo. Puede ser un motor para la acción.

Pero es importante tener en cuenta que esto no es más que una motivación externa y de corta duración: ¿Qué pasará después del verano?

Para las que me conocéis, ya sabéis que yo, en todo caso, abogo por “la operación cambio de hábitos”.

Si queremos cambiar nuestros hábitos, necesitaremos encontrar nuestra motivación interna para hacer frente a los meses que precisa el aprendizaje y el cambio alimentario.  

Para encontrarla podemos preguntarnos "para qué voy a hacer esto". Más que el "por qué", que va dar lugar a justificaciones.

Saber nuestro "para qué" y tenerlo muy presente, así como que esté alineado con nuestros valores, va más allá de un objetivo numérico de kgs, cms o motivos meramente estéticos.

Es algo muy potente que nos va ayudar a darnos dirección y a aumentar y mantener la motivación interna, el motor que nos impulsará a realizar las acciones necesarias para conseguir nuestros objetivos por la mera satisfacción de hacerlas, sin necesidad de ningún incentivo externo.

La sensación de placer y de auto-superación en si mismas en el hecho de cuidarse y de conseguir el objetivo. De modo que los buenos hábitos pasen a ser algo natural y automático y no volvamos una y otra vez a “dejarnos” y engordar, con el desequilibrio que esto nos provoca en todos los ámbitos de nuestra vida.

Por qué es importante alejarse del círculo dieta-excesos

Puedes aprovechar el impulso para cambiar tu estilo de vida para siempre y aprovechar esta oportunidad para no volver atrás nunca más. Hoy te ofrezco la información para que tú misma veas por qué es tan importante este “cambio de chip”.

Sé por experiencia que de nada sirven los sermones, los castigos, las “broncas” y, mucho menos, las imposiciones.

Las personas cambiamos cuando queremos y sólo cuando realmente queremos   Y SABEMOS CÓMO.

Son los requisitos imprescindibles para empezar a cambiar de verdad la relación con la comida y volver al equilibrio. 

Qué es el efecto yo-yo, por qué sucede y qué riesgos comporta

Si haces lo de siempre y recurres a lo “fácil y rápido”, en un principio bajas de peso.

Sí, pero… ¿durante cuánto tiempo? Adelgazas rápidamente, te cansas, dejas la dieta y subes de peso, incluso más de lo que pesabas antes de empezarla. ¿Te suena verdad?

Dietas de batidos, hiperproteicas, monodietas (de un solo alimento)…

Dietas drásticas de esas que sufres pasando hambre durante dos o tres semanas, te restringes de todos los alimentos habidos y por haber, bajas tres o cuatro kg a la semana y, como motivación, en vez de un cambio de hábitos, está el día final cuando consigas el peso deseado y puedas volver a comer lo que se llama “normal”, que, por supuesto, no lo es.

Porque si no, no se recuperaría el peso de la manera en que ocurre.

Entonces, en realidad, lo que al principio parecía fácil y rápido (milagro), se convierte en efímero, caro, duro y sacrificado.

Se transforma en un círculo vicioso, que se repite una y otra vez. Entonces, el resultado final, no es sólo que no consigues el peso que deseabas, sino que acabas con más peso del que tenías al empezar. Pero no termina aquí… ¡Acabas con más hambre!. De hecho, hambre voraz, más ansiedad, más deseo por alimentos calóricos. Encima, con menos masa muscular, menos energía y motivación y por supuesto, mucho menos dinero y mucha, mucha frustración y culpa.

A este fenómeno se le llama efecto yo-yo o rebote. Supongo que te es familiar.

Pero es posible que lo que no sepas es por qué sucede esto, los riesgos que conlleva y qué hacer para evitarlo.

El origen del efecto rebote

Si repetidamente haces dieta abandonando a las pocas semanas, antes de llegar al mantenimiento o sin haber adquirido unos buenos hábitos nutricionales, provocas el efecto contrario: tu peso, en vez de bajar, sube cada vez más.

Y aún peor si lo haces sin la supervisión de un profesional cualificado.

En vez de realizar un proceso de cambio de hábitos adaptado a ti, a tus necesidades y que atienda todo aquello que influye en tu peso y tu relación con la comida (cuerpo, mente, emociones...) simplemente dejas de comer pensando que así adelgazarás más rápido.

O te saltas comidas.

O haces por tu cuenta dietas muy drásticas que encuentras en internet, en revistas no científicas o “dietas” que te “pasan” amigas o vecinas.

En este tipo de dietas, se disminuye el aporte de nutrientes, con lo cual el organismo se encuentra en déficit o carencia y se pone en estado de alerta.

Es entonces cuando empieza a recurrir a sus reservas para intentar cubrir las necesidades de tu cuerpo.

Si necesita aminoácidos esenciales los obtiene de la proteína de los músculos, de las uñas, del cabello… el calcio lo obtiene de los huesos, etc.

Esta señal de “alarma” también provoca cambios en el metabolismo, que “ahorra” todo lo que puede y “quema” menos. Es decir, se ralentiza.

Con lo cual, cuando comas, por poco que sea, tu metabolismo lo reservará todo y lo “guardará”. Y guardar significa almacenar en forma de grasas (las grasas son nuestras reservas de energía), precisamente lo contrario de lo que quieres. Y encima pasando hambre.

 ¡Qué contradicción! ¡Pasamos hambre y engordamos!

En esta situación de restricción alimentaria, también se activan potentes mecanismos nerviosos y hormonales que provocan un mayor rendimiento del metabolismo.

 Y no sólo hay un mayor ahorro energético sino que además se incrementa el apetito. Es decir, por un lado, aumenta el hambre y, por otro, disminuye la capacidad de tu cuerpo para quemar calorías.

 Una combinación explosiva para hacerte ganar peso que es lo que consiguen todas las dietas radicales.

También, la falta de nutrientes puede ocasionar que no se queme grasa de forma correcta. Algunas vitaminas y minerales actúan como cofactores en ​la metabolización de las grasas.

Un cofactor es un componente necesario para que se desarrolle una reacción metabólica.

Por todo ello,  si al finalizar la dieta (si es que no la abandonas antes) has bajado de peso, gran parte es debido a la pérdida de masa muscular (sobre todo si se ingiere poca cantidad de proteína).

Por eso en estas dietas se pierde tanto peso, porque se pierde masa muscular. Y lo que tu quieres, y lo que sucede realmente cuando adelgazas correctamente es una bajada de peso que proviene de la grasa.

Por este motivo, una dieta saludable y eficaz no puede hacerte perder 5 kg en una semana. Lo ideal es perder de 0’5 kg a 1kg a la semana (al principio puede ser un poco más).

Cuando pierdes tanto peso debido a la pérdida de músculo, puedes quedarte debilitada o flácida, sin tono muscular. 

Pero lo peor no es esto, sino que cuando empiezas a comer “normal” lo harás tal y como comías antes de empezar la dieta. Es decir, de la misma manera que te provocaba el sobrepeso. Porque no has cambiado ningún hábito ni manera de hacer o pensar en relación a la comida, ni te has liberado de los traumas que te ocasionaban que engordaras para protegerte, o causaban ansiedad por comer.

 Y el “estado de alarma” en que se encuentra tu organismo provocará que intente recuperar desesperadamente y de forma masiva todos los nutrientes y grasa de reserva que ha perdido. Acumulará todas las reservas que pueda.

Todo esto se traduce en una rápida recuperación del peso inicial y un gran almacenamiento de grasa dónde antes había músculo.

Y el resultado es: mucho más peso del que se tenía antes de empezar esa dieta severa y desequilibrada, ya que se come igual que antes de empezarla pero se gasta menos. Con lo cual, todo el esfuerzo ha sido en vano.

Me he encontrado a menudo en consulta con clientes con obesidad mórbida “enganchados” a las dietas. Al preguntarles si alguna vez han hecho dieta para adelgazar responden con resignación y muchas veces se ve en sus ojos el cansancio y la frustración: “toda la vida estoy a dieta, he hecho miles pero no me funcionan”.

Lo más impactante es que, cuando les pregunto, descubro que esas personas empezaron la primera dieta hace 10 o 15 años, o más, con unos pocos kg de más. Incluso algunas con un peso dentro de la normalidad. Y en la actualidad se encuentran con obesidad mórbida. Me explican que siempre se cansaban y las dejaban.

Cuando les pregunto si cada vez que la dejaban aumentaban más de peso que el que tenían antes de empezar, en todos los casos la respuesta es sí.

 Cada “mala dieta” inacabada te puede proporcionar de 3 a 10 kg más. Aparte de muchos desequilibrios antes inexistentes, como la pérdida de la sensación real del hambre, la ansiedad incontrolable o incluso, en los peores casos, derivar a una ingesta compulsiva o adicción a la comida.

Cada vez que abandonas una dieta aumentas en un 30% el peso que tenías antes de empezarla.

Esto ocurre porque cuando los kg suben y suben sin parar, te alarmas porque te ves “mal” y vuelves a empezar otra dieta, otra “mala dieta”.

 Y es aquí dónde se inicia el ciclo dieta-exceso con efectos yo-yo. Y esa es tu perdición porque empiezas con 50 kg y al cabo de diez años te puedes encontrar con que pesas 80 kg. Y si no lo frenas, seguirán subiendo.

Pero no sólo tiene consecuencias estéticas sino también las tiene sobre tu salud.

Este continuo “sube y baja” supone también deficiencias de proteínas, vitaminas y minerales por la falta de consumo de alimentos, sobrecargas hepáticas o renales, debilitamiento del sistema inmunológico, un mayor riesgo de sufrir enfermedades como la osteoporosis o problemas cardiovasculares por la acumulación de grasa abdominal (la que recubre el corazón y las vísceras).

Más allá del riesgo físico, puede producir efectos psicológicos negativos con episodios de depresión o de ansiedad debidos a la sensación de estar atrapado en un círculo vicioso de dieta.

O incluso degenerar en trastornos del comportamiento alimentario, tendencia al picoteo y a los atracones al no conseguir la meta deseada.

Para un momento y piénsalo detenidamente: ¿Tanto sufrimiento y desgaste para gozar de unos kilos menos durante unas semanas pero acabar no sólo con más peso sino con la salud y la figura deteriorada, frustración, culpa y desánimo?

¿Por qué no utilizas toda esa energía para empezar a caminar en otra dirección con el bagaje y la sabiduría de la experiencia, de lo que no te ha servido anteriormente? Te dará muchas más probabilidades de éxito.

Ahora ya sabes algunas de las consecuencias de seguir un método fugaz y milagroso.

Es posible que ya te estés dando cuenta de que, en vez de una rápida y fugaz pérdida de peso para un compromiso o época del año, vale la pena empezar algo diferente.

Aunque un proceso de cambio de hábitos sea más lento, supondrá un cambio permanente en tu estilo de vida.

Significa realizar cambios profundos para toda la vida en la forma de alimentarte y es posible que suponga cierto esfuerzo, tanto por el cambio alimentario en si como para la realización de actividad física diaria o varios días a la semana. Pero, lo mires por donde lo mires, ¿no crees que sales ganando?

¿Por qué hacer otra cosa diferente?

Lo primero, si llevas tanto tiempo insistiendo en lo mismo y no logras ningún cambio de esta manera, o si lo consigues pero te provoca desastrosas consecuencias ¿por qué y para qué sigues haciendo lo mismo?

"Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo." Albert Einstein

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Cada día escucho esto en consulta: "Tengo ansiedad por la comida" Cada día descubro nuevos orígenes, nuevos motivos y beneficios secundarios de esta ansiedad o forma de comer.

Como beneficios se entienden las ventajas o provechos inconscientes que sacamos de esto: escapar del dolor, calmar el estrés, protegernos de algo o de alguien, seguir siendo una niña, rebelarnos ante una madre o padre estricto, ser fieles a patrones aprendidos en la infancia...

En la gran mayoría de los casos, el sobrepeso y/o una manera de comer poco saludable sólo es la punta del iceberg.

La comida no es el problema, sino una consecuencia.

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Ya lo he dicho en anteriores ocasiones y lo seguiré diciendo: No creo en las dietas. Las dietas por mi experiencia no sirven. Al menos, no sirven por más de unas semanas o unos meses. Te lo dice una que además ha hecho unas cuantas...

Es por ello que una dieta no es la solución. Incluso en muchos casos, puede agravar aún más el problema.

"Empecé con mi primera dieta a los 16 años. Por aquel entonces tenía un peso saludable pero yo sentía que me sobraban un par o tres de quilos y quería estar delgada como mis amigas. Cuando la dejé engordé unos 3 quilos más de los que tenía antes de empezar. Esto me provocó que empezara otra dieta más estricta. Esta vez me llevé 8 quilos de más. A día de hoy tengo 38 años y estoy con un sobrepeso de 25 quilos."  Melisa A.

Lo que no sirve y lo que sí.

Así que no se trata de hacer algo de forma forzada unos días. Tampoco sacrificarte lo más grande sufriendo durante dos meses siguiendo una dieta draconiana. Aquellas dietas que tan sólo al empezar ya te estás muriendo por terminar, y volver a lo de antes.

Sabes de lo que estoy hablando. Dietas que a priori son un milagro y te prometen la vida que deseabas en pocas semanas. Pero se paga un precio muy alto que va más allá de lo material (que en muchas ocasiones es muchísimo). 

La esclavitud, el aislamiento, destrozar tu cuerpo y tu metabolismo, trastornos del comportamiento alimentario...

Tampoco sirve sólo con hablar del tema, ni seguir los consejos impuestos des del mapa de otro, por muy profesional que sea.

Todo esto puede ayudar como complemento pero para sanar completamente hay abordar nuestro peso y manera de comer de una forma holística. La alimentación es una "pata" más de todos los aspectos y dimensiones que influyen en nuestro equilibrio y estado de ánimo. 

La "pata" que tiene más peso precisamente es nuestro estado psico-emocional y espiritual.

“Es alucinante. Toda mi vida he intentado comer bien obligándome y con un esfuerzo terrible. Elegir opciones sanas era una especie de castigo. No podía comer lo que quería, comía lo que se suponía que debía comer. Ahora, después de este proceso, lo que me apetece es lo más saludable para mi, sin esfuerzo. Es muy agradable, todavía no me lo creo.” Laura

Es imprescindible gozar de un buen estado emocional para tener una buena relación con la comida. Para ello hay que llegar a nuestras profundidades. Allí donde están los bloqueos: En nuestro inconsciente.

Una vez allí, conectar con el dolor del que nos hemos "anestesiado" "gracias" a kg de comida basura. Es entonces cuando podremos aceptarlo,  liberarlo y soltarlo.

De lo que hablo en realidad es de coger las riendas de nuestra alimentación, y con ello las de nuestra vida, dejando de tapar aquello que nuestro cuerpo y nuestra manera de comer están expresando.

Se trata de escuchar de una vez el mensaje con el valor de realizar el trabajo interno necesario y arremangarse para lograr un estado de coherencia, esto es la armonía entre lo que digo, lo que hago, lo que pienso y lo que siento.

A partir de aquí es cuando podemos acceder a los recursos internos, los cuales son infinitos y suficientes para lograr lo que deseamos.

Cuando vivimos en coherencia, comer bien nace del propio deseo y no de una obligación impuesta o auto-impuesta.

Comer mal ya no apetece, el deseo es cuidarnos y respetarnos; un deseo que puede brotar del amor propio que puede fluir libremente en ausencia de un sufrimiento que se ha evaporado junto con la incoherencia.

Comer poco saludable de forma ocasional nace de la propia responsabilidad y la elección personal y no de la necesidad inconsciente de compensar un estado emocional desagradable.

Darse el placer de comer un postre de vez en cuando puede llegar a ser incluso saludable cuando mana del equilibrio, mucho más aún si se comparte con alguien.

Comer ya no se hace a solas, des de la cautividad, impregnado de vergüenza y culpa. Comer se convierte en un acto de amor sano y equilibrado y no de un medio para obtenerlo.

También, podremos conocer verdaderamente al ser que hay debajo de esos quilos de grasa y de esa conducta con la comida. Ese yo profundo y real que nos espera pacientemente a que nos desidentifiquemos de de ese personaje que nos hemos pensado que somos. 

Somos mucho más que lo que vemos, que lo que creemos y por supuesto mucho más que unos problemas con la comida y  unos quilos de más. 

Es imprescindible conocerse para quererse y quererse para cuidarse. ​

Por lo tanto, lo que sí sirve es un cambio de consciencia, un trabajo interno de auto-conocimiento y gestión emocional;  un cambio de hábitos profundo de dentro para fuera, un cambio de patrones y de creencias que te limitan, etcétera.

Esto significa realizar un trabajo interno personal en el cual se utiliza precisamente el problema con el peso y/o con la alimentación como una vía para hacer el "viaje".

Como muy bien dijo Einstein: “Los problemas no se pueden solucionar en el mismo nivel de conciencia en el que fueron creados."

Después de un trabajo así, lo que sucede es una transformación permanente. Cuando uno despierta de verdad, se libera de los secuestradores patrones mentales , se descubre realmente y contacta con su verdadera naturaleza ya no hay vuelta atrás. 

 Además, habrás podido transformar un problema en una gran oportunidad. Incluso, podrás agradecerlo. Esto es lo bonito, ¿o no?

"No podemos convertirnos en lo que queremos ser, permaneciendo en lo que somos" -Max DePree

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Yo también lo intenté así. Te entiendo totalmente.

No eres la única. Te comprendo perfectamente, durante años intenté cambiar des de la lucha y des del machaque. y no conseguía nada. Bueno sí, estar peor. Contra más me criticaba y me exigía, más peso cogía y peor comía.

Más adelante, cuando empecé mi viaje de auto-conocimiento lo intenté con afirmaciones positivas, pero tampoco acabó de funcionar. A pesar de esforzarme a modificar mis pensamientos, no lograba dejar de sentir lo que sentía.

Me obligaba a pensar "venga va, estás genial" y otra parte de mi muy profunda respondía de inmediato: "No, no lo estás! ¿¿Qué te has creído??"

No puede haber un cambio cuando tu mente consciente piensa una cosa y tu cuerpo/mente subconsciente otra. Hay una incoherencia y la transformación sólo se da cuando lo que siento es lo que pienso y lo que pienso es lo que hago.

No obstante, ya estaba tomando consciencia de lo que me sucedía e intentando buscar soluciones. Eso era lo importante ya que me llevó a cuidarme más y buscar la ayuda necesaria. El verdadero cambio llegó algo después. 

Lo logré

Sí... Sané completamente el trasfondo emocional que me provocaba la ansiedad por comer, la baja autoestima y la obsesión por adelgazar.

También, dejé de ver mi imagen distorsionada en el espejo. Pasito a pasito logré aceptarme, y quererme. Fue a partir de entonces es cuando pude cuidarme de verdad y respetarme.

Además de lograrlo, pude agradecerlo y convertirlo en una gran oportunidad. En mi caso, esta oportunidad fue poder acompañar a las personas a lograrlo también.

Ahora las acompaño a que tomen las riendas de su alimentación, aprendan a quererse, a liderar su vida y a descubrir su verdadero potencial.

No obstante, no porque yo lo haya logrado significa que todo el mundo lo vaya a lograr de la misma forma, cada persona es única, diferente, igual que su proceso.

Sólo es una prueba de que sí puede ser posible y una muestra de humanidad, porque lo que vemos muchas veces en profesionales en los que parece que está todo bien y perfecto, es el resultado de haber pasado por noches oscuras del ego, del alma, haber afrontado miedos, oscuridad, los propios fantasmas y demonios.

Todos somos personas y seres emocionales y con ello con nuestros conflictos, síntomas, desajustes. Puede ser manifestado de diferentes formas: problemas con la comida, con el alcohol, drogas, enfermedades psicosomáticas... pero en esencia es lo mismo.

El cambio es de dentro hacia fuera:

Cuando dejamos de huir y nos decidimos a sanar el trasfondo que hay detrás de la ansiedad y/o del sobrepeso, podemos conectar con nuestros recursos y cambiar la percepción de nosotras mismas, logramos el cambio de dentro hacia fuera es imposible no lograr un buen peso y una buena salud.

Sucede como consecuencia irremediable de un estado de coherencia interna y del equilibrio entre cuerpo-mente-espíritu.

Para ello, hemos de estar dispuest@s a sanar nuestras heridas, liberándonos del dolor, de las experiencias traumáticas de nuestra vida, de los bloqueos, creencias  y todo aquello que nos ha afectado y nos está limitando.

También, elegir vivir des de la consciencia y cultivar diariamente un estado de presencia para no volver a ser arrastrad@s por viejos patrones mentales.

La consciencia y la aceptación, el principio del cambio

Tanto de ti misma, como de tu forma de comer, y/o tu cuerpo. Sea como sea, esté como esté. 

“Lo que niegas, te somete. Lo que aceptas, te transforma.” Carl Gustav Jung

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Y lamento decirte que esto amiga, no se consigue con dietas.


A partir de la aceptación y de tomar la responsabilidad de que algo se está manifestando a través de tu cuerpo y tu forma de comer es entonces cuando se abre la posibilidad de conseguir un peso saludable y una buena relación con la comida.

Y que además, el camino sea sin forzar, sin sufrir y  sin luchar. Dejándote sorprender de lo fácil y agradable que puede llegar a ser el proceso.

En especial, después de superar los miedos que aparecen al salir de la zona "de confort".

Cambiar de hábitos alimentarios y comer de forma más consciente es un proceso que requiere constancia, trabajo personal y motivación. Como he dicho antes, no existen milagros. 

Desconfía de quien te diga que puedes bajar de peso para siempre sin esfuerzo en pocas semanas. Siempre se necesita esfuerzo para lograr salir de la zona de confort. Esto es un esfuerzo placentero y sano; no un sufrimiento.

Un esfuerzo realizado des de la pasión, el compromiso y la dicha. Esta es la diferencia que marca la diferencia.

¿Cómo lo hago?

Si te sientes bloquead@, si lo has intentado muchas veces y aún así no puedes seguir una buena alimentación es posible que necesites ser acompañada y hacer un proceso personal individual o grupal.

En especial, si no logras dejar de criticarte, ni aprobarte por mucho que lo intentes. Siempre aparece esa voz diciendo lo que haces mal, lo fea o gorda que estás o lo mala que eres.

Hacer un proceso puede ayudarte a sacar a la luz todos los recursos que hay en ti y que conviertas todas tus capacidades en habilidades.

¿Algún consejo práctico?

En este artículo sobre cómo disminuir la ansiedad por la comida puedes encontrar también algún consejo práctico.

También, en mi canal de youtube.

¿Cómo saber si mi sobrepeso o dificultad por seguir una dieta puede ser emocional?

Algunos indicadores suelen ser...

  • Sentir ansiedad y depresión o mucho desánimo
  • Falta de autoestima y aceptación
  • Realizar ingestas compulsivas y atracones
  • Sensación de ser “un pozo sin fondo”
  • Falta de control con la comida y con las emociones
  • Sentir culpa después de comer
  • Pensar todo el día en la comida y/o en el cuerpo
  • Boicotearse: Quieres hacer o dejar de hacer algo pero no lo consigues de ninguna manera por mucho que lo intentes y acabas haciendo lo contrario.
  • Tener creencias limitantes:  "no podré conseguirlo nunca", "no me lo merezco", "siempre seré gordo-a"...

El enemigo en casa: El miedo al fracaso

También, es muy posible que vengan a la mente pensamientos del tipo "¿Para qué empezar nada? Si lo he probado todo y no lo he conseguido..." "He perdido la esperanza" "No soy capaz" "Tengo miedo de fracasar de nuevo, no lo voy a intentar más".

Para esto te diré que no hace falta luchar con estos "pequeños diablillos que nos asaltan" porque siempre encontrarán evidencias para confirmar que no somos capaces.

¿Qué hago si tengo miedo?

Te invito ahora que pares un momento y reflexiones haciéndote las siguientes preguntas: 

  • ¿Cuántas veces lo he probado?
  • ¿Realmente lo he probado TODO, TODO, TODO?
  • ¿De qué otra manera podría probarlo?
  • ¿Qué he aprendido de las opciones que no me han funcionado?

Ejemplos de "fracasados" que no se rindieron

Tenemos grandes ejemplos en la historia de inventores, empresarios, etc. que lo intentaron y probaron y se equivocaron... Y siguieron probando y probando y se equivocaron... y siguieron probando..

¡Aprendamos de estos grandes maestros!

Lee este artículo si quieres ver más genios que fracasaron varias veces antes de triunfar.

 Bien, por hoy termino el artículo.

Y ahora quiero leerte/escucharte a ti. Porque tú eres lo más importante aquí. Eres el/la auténtico protagonista.

Sin ti mi trabajo no tendría sentido.

Así que me gustaría de verdad “escucharte” para conocerte más y saber si lo que escribo te sirve para seguir escribiendo los mejores contenidos.

¿Qué opinas tú sobre la operación bikini? ¿Has probado algunas de las incontables dietas radicales para ella?

Me encantaría saber tu opinión y que me contarás tu experiencia.

Piensa que si no me dices nada, no puedo saber si el tiempo dedicado está sirviendo para ayudar a alguien y hay alguien ahí detrás de la pantalla que le gusta mi trabajo ; ) 

Como siempre, muchas gracias por estar, por leerme, por SER.


¿QUIERES LEER MI LIBRO?


 Adiós a las dietas: Un método integral para equilibrar tu peso para siempre.







Sandra Navó

Psiconutricionista y Coach de Salud Integrativa. Enseño a utilizar la alimentación y los problemas de peso como vías de aprendizaje, autoconocimiento y crecimiento personal. ¿Conectamos también en facebook?

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error: ¡Heeeey! No me copies : ( ¡Trabajo muy duro para crear contenido! Si te interesa lo que escribo, puedes compartirlo ; ) Muchas gracias y que trabajes bien