Voy a empezar por plantearte una situación bien común, que estoy segura que te resultará familiar: 

Quizás quieres bajar de peso, cambiar tus hábitos o cambiar tu estilo de vida.

Te has prohibido comer dulces. Te has comprometido contigo a comer solo real food.

Te encanta el chocolate pero el que más te gusta no está permitido y sabes que engorda mucho.

Y de repente, en casa, o en el trabajo, en un momento de aburrimiento o de estrés, empiezas a sentir ansiedad por comer, un deseo intenso de comer dulces, galletas... ¡Chocolate! 

O has tenido una larga y dura jornada laboral, y te dices que mereces un premio.

Sabes que lo que te apetece no es sano, que ese chocolate está lleno de azúcar y escuchas y lees por todos lados que es muy malo.

Quieres mantenerte firme, pero no puedes más. Te convences de que sólo será un trocito. Al final te comes media tableta.

A los pocos segundos te llenas de culpa y de frustración, culpa, y te preguntas "¿por qué no soy capaz de lograrlo?"

Te desanimas, aunque te prometes que no lo volverás a hacer, aunque cada vez confías menos y menos.

¿Te resulta familiar?  

¡A mi muchísimo! Te entiendo perfectamente porque también pasé por esto.

Y por esto quiero ayudarte a gestionarlo.

Porque sé que  es muy duro que la alimentación te domine y sentirte totalmente incapaz de comer bien durante dos días seguidos.

¡Vamos con el post de hoy!

¿Qué es la ansiedad por comer?

La ansiedad por comer, cuyo nombre real veremos más adelante, es esta sensación tan desagradable que nos lleva a darnos atracones, a picar constantemente y a elegir productos que sabemos de sobra que no nos convienen.

«Tengo mucha hambre y no puedo controlarla», 

«Por la tarde tengo ansiedad»

 «Tengo hambre todo el día, no pue- do controlar la ansiedad que tengo por picar a cada rato»

Son expresiones que escucho constantemente en mi consulta.

Las palabras «ansiedad» y «hambre» se entremezclan indistintamente para referirse a alteraciones con la conducta alimentaria.

De aquí surgen varias cuestiones:

  • ¿Es hambre o ansiedad por comer? 
  • ¿Qué es la ansiedad por comer real- mente?
  • ¿Y el hambre? 
  • ¿Por qué, en muchas ocasiones, no po demos controlarla?

Detrás de la sensación de hambre hay un mundo complejo que va más allá de lo emocional y lo alimentario.

Puede tener orígenes dietéticos, fisiológicos, hormonales, endocrinos, etcétera, interrelacionados entre sí.

Y, a su vez, pueden desembocar en alteraciones en nuestro estado de ánimo.

Vamos a ver detalladamente qué es hambre real y qué no lo es.

El «hambre fisiológico». es a sensación que aparece ante la necesidad fisiológica de nutrirnos para seguir vivos.

La percibimos en nuestro cuerpo como una sensación encarnada por un vacío interno no del todo desagradable y susceptible a ser llenado con la comida justa y adecuada.

Este se activa para alertarnos sobre la necesidad de ingerir alimentos para obtener la energía y los nutrientes que precisamos para desempeñar nuestros procesos orgánicos y metabólicos en buenas condiciones.

Es también lo que nos impulsa a movernos para buscar alimento, y, al consumirlo, además de nutrirnos, nos genera una sensación placentera, una recompensa positiva.

Ahora bien, es muy diferente sentir hambre a sentir ganas de comer, o a sentir un impulso irrefrenable de picar.

Cuando hablamos de hambre fisiológica no nos referimos a:

1. Un deseo, un capricho, un «me apetece» o un antojo.

Hambre «activada» debido a ver, oler o pensar en comida, como cuando imaginamos que tenemos delante nuestro plato favorito o pasamos por el escaparate de una pastelería.

Cuando se trata de un hambre de capricho podemos tomar una decisión consciente y libre de no comer haciendo uso de la autodisciplina y el autocontrol, sin esfuerzo excesivo ni malestar o sufrimiento.

En realidad, es un hambre falsa, y no una necesidad real. 

Por lo tanto, te recomiendo que, en la medida de lo posible, puedas llevar a cabo este control consciente desde la responsabilidad y la libertad, sin autoimposiciones ni restricciones. No es una privación, se trata de una elección. 

Cuando hablo de la necesidad de reflexionar y tratar de controlar los deseos e impulsos de forma consciente, no significa que no puedas transigir con la alimentación.

Precisamente la flexibilidad y la libertad son actitudes y valores necesarios para cultivar una buena relación con la comida y un equilibrio alimentario.

Salir y disfrutar de comer libremente aquello que nos apetece por darnos un gusto en el paladar, si se realiza con medida,.

Hacerlo, es un hábito totalmente saludable, en especial si se realiza en compañía, ya que nos aporta bienestar en otros ámbitos, como, por ejemplo, en nuestro equilibrio emocional, y esto también tiene un gran impacto en nuestra salud y en nuestro peso.

Eso sí, el equilibrio está en la dosis y en tomar la decisión de una forma totalmente libre pero a la vez consciente, madura y responsable.

El problema está cuando cedemos siempre y terminamos por comer lo que nos apetece en cualquier momento o situación, de esta forma nos volvemos es- clavos de la gratificación inmediata

Si lo que sentimos es hambre fisiológica, aunque tomemos la decisión consciente de no comer, la sensación de hambre seguirá en nuestro cuerpo e irá en aumento progresivamente hasta que la cubramos.

Está expresando una necesidad básica de los seres vivos y debe ser suplida para el buen funcionamiento del organismo.

2. Ansiedad por comer: 

Existen algunas situaciones que nos indican que no es hambre y tampoco es un capricho: 

  • Si no podemos controlar las ganas de comer, y el impulso nos gana
  • Si nos genera mucho malestar y una sensación intensa y desagradable
  • Si la comida nos controla en vez de controlarla a ella de forma natural y consciente

Entonces estamos hablando de otra cosa: lo que sentimos es un antojo o compulsión, que es lo que llamamos ansiedad por comer.

Podemos definir un «antojo» o una «compulsión» como:

Una sensación de hambre incontrolable o una necesidad imperiosa de comer, un deseo vehemente de devorar, generalmente de forma rápida y excesiva, y sin responder a la necesidad fisiológica de nutrirse.

Suele manifestarse en forma de atracones o picoteos constantes y puede ser enfocado a un alimento en concreto o ser de preferencia indistinta a modo de «todo vale».

Generalmente las elecciones más comunes son aquellas ricas en grasas, harinas, sal y azúcares.

Este tipo de hambre voraz puede ser causada por múltiples factores. Veremos algunos más adelante. 

¿Cómo lo diferenciamos?

Te muestro un cuadro extraído de mi libro Adiós a las dietas.

Contiene las características del hambre real y del antojo para que puedas ver las diferencias fundamentales.

 De esta manera, a partir de ahora, cuando sientas hambre podrás empezar a discernir si lo que sientes es hambre real o no lo es.

¿Por qué tenemos ansiedad y ganas de picar a cada rato?

Como he comentado “necesidad” de comer entre las comidas puede deberse a múltiples causas. 

Por esto se dice que tiene un origen Multifactorial.

En este post vas a aprender:

  • 1
    Cuáles son las principales causas que pueden causar ansiedad por comer
  • 2
    Los  trucos estrella para ayudarte a combatir la ansiedad por comer y las ganas de picar.

1. Causas más comunes que nos pueden causar ansiedad por comer 

  • Origen Intestinal: Nuestra flora intestinal está directamente relacionada con el aumento de hambre y desequilibrios metabólicos.  
  • Origen hormonal: Desequilibrio hormonal, síndrome premenstrual, niveles bajos de leptina.. todo ello puede generarnos ansiedad por comer. 
  • Deshidratación: el centro de hambre y de sed comparten las mismas regiones cerebrales y si teemos sed o nuestro mecanismo de recompensa cerebral está descompensado, podemos interpretarlo erroneamente como hambre.   
  • Pocas horas de sueño o sueño de mala calidad.: Cuando dormimos poco o mal, nuestro sistema hormonal y psiconeuroinmunológico se altera. Todo nuestro ser se altera. Conlleva un desequilibrio en el balance energético del organismo, lo cual favorece la aparición de alteraciones metabólicas.
  • Piloto automático: comer de forma inconsciente y tener el hábito sin darnos cuenta.
  • Origen Mental/Psicológico: Preocupaciones diarias, creencias limitantes 
  • Mentalidad de dieta: Dietas restrictivas o alimentación insuficiente
  • Estrés: Tensiones diarias, baja tolerancia al estrés, problemas familiares... 
  • Origen emocional: emociones no expresadas, heridas del pasado, carencias... 
  • Baja autoestima: Si tenemos un concepto dañado de nosotros mismos no tendremos la motivación de cuidarnos.

Puede ser debida a una de ellas o a una combinación entre todas ellas.


¿Cómo empezar a poner equilibrio y calmar la ansiedad?


1. Hazte preguntas poderosas: 

Existe un recurso que puede ayudarte en momentos en los que sientas la sensación de hambre, pero no sepas realmente si es real.

Esta táctica consiste en hacerte, de un modo reflexivo, estas cuatro preguntas clave:

  1. ¿Me saciaría con una fruta, un puñado de almendras, un bocadillo integral sano o un plato saludable? («Sí, pero me comería después algo más» es un «no».)
  2. ¿Hace más de cuatro horas que he comido?
  3. ¿Podría esperar sin problemas treinta minutos más an-
    tes de comer?
  4. ¿He bebido suficiente agua hoy?

Si las cuatro preguntas han sido afirmativas, lo más seguro es que sea hambre fisiológica, por lo tanto, si puedes come un tentempié saludable y nutritivo: frutos secos, frutas..

Si todas las respuestas son negativas, prueba a beber un buen vaso de agua primero.

¿Por qué? Seguimos en el siguiente punto ; ) 

2. Hidrátate:

Muchas veces cuando sentimos hambre o ganas de picar, no es más que una señal del cuerpo pidiendo agua, la cual, debido a una especie de cortocircuito en la hipófisis, interpretamos erróneamente como una señal de hambre.

¿Cuánta agua es necesario beber?

Trata de beber al menos 1 litro de agua mineral. No valen zumos,  refrescos, ni cafés.

Es muy importante porque: 

1. Estamos hechos el 60-80% de agua.

2. Para que nuestro sistema de recompensa cerebral esté en equilibrio y no nos pida recompensas falsas (azúcares, y otros adictivos.) es necesario darle agua suficiente y solo agua, que es lo que necesita nuestro organismo para funcionar adecuadamente.

Si quieres, una vez ya has cubierto las necesidades de agua, bebe lo que quieras, con flexibilidad, libertad y responsabilidad. 

Si el agua te aburre o te cuesta:

Prueba a tomar agua con gas, puedes encontrarla incluso de gas natural y no añadido, como por ejemplo la marca gallega cabreroira.

3. Haz dieta.... ¡De sueño!

Es esencial dormir mínimo de siete horas al día de calidad para un correcto funcionamiento del organismo y  una conducta alimentaria equilibrada.

Dormir es esencial para mantener  la ansiedad controlada, dormir al menos 7 horas al día y de buena calidad.

Es esencial dormir mínimo de siete horas al día de calidad para un correcto funcionamiento del organismo, así como para una óptima pérdida de peso y una conducta alimentaria equilibrada.

Cuando dormimos poco o mal, nuestro sistema hormonal y psiconeuroinmunológico se altera.

Todo nuestro ser se altera.

Conlleva un desequilibrio en el balance energético del organismo, lo cual favorece la aparición de alteraciones metabólicas.

Tener insomnio, estar al cuidado de un bebé, tener un dolor crónico, trabajar muchas horas, un trabajo nocturno, unos altos niveles de estrés...

Pueden tener estragos en tus horas de sueño o en la calidad. Lo cual impide que tu organismo descanse adecuadamente.

Las personas que duermen poco durante un período prolongado muestran tendencia a desórdenes metabólicos.

Además, tras una mala noche, comemos más y nos movemos menos. Nos aviva  el hambre y nos volvemos más perezosos.

Asimismo, dormir poco afecta al nivel de azúcar en sangre que tiene serias repercusiones en el apetito, el estado de ánimo y la energía.

Acuérdate del día que te ha costado dormir, sueles tender a consumir más cafés con azúcar, refrescos, galletitas, pan…

También, dormir poco provoca que nuestros niveles de estrés aumenten, disminuye la capacidad de gestionar las emociones, nos vuelve más susceptibles e irritables, etcétera.

¿Qué podemos hacer si no podemos asegurar un mínimo de 7 horas?

  1. Una siesta reparadora de quince o veinte minutos beneficiará nuestro estado de ánimo, nuestras funciones mentales y por supuesto nuestros hábitos. 
  2. Recomiendo meditar a todas las personas que acompaño. Si duermes menos de siete horas se vuelve imprescindible MEDITAR. No es una opción, es una responsabilidad y una verdadera medicina.

Recomendaciones para dormir mejor:

●  Cena dos horas antes de acostarte si es posible e intenta ingerir comida pesada o indigesta: pimientos, legumbres… o excitantes: café, cacao…

●  Toma esta infusión antes de ir a dormir (edulcorar con estevia): espino blanco, tila, melisa, valeriana, pasiflora. (compra la mezcla en el herbolario) o un vaso de bebida de avena

●  Unas gotas de extracto de avena en la infusión ayudarán. (lo puedes comprar en un herbolario)

●  Unas gotas de lavanda en tu almohada.

●  Procura no mirar la pantalla del móvil o del ordenador 2 horas antes de irte a dormir. Si lo haces, reduce el brillo de la pantalla al máximo.

●  Mira que no haya ningún aparato eléctrico enchufado mientras duermes en la habitación. Tampoco ningún enchufe cerca, si es así mueve la cama y si tienes un enchufe en el lado de la cabeza, separa la cama al menos un palmo de la pared.

●  Colchón de calidad:

●  Almohada de calidad

●  Respetar la utilidad de la cama y de la habitación de dormir: La cama es únicamente para dormir (o para estar en pareja, claro): no se trabaja, mejor si no se lee, etc.

4. Suelta la mentalidad de dieta y deja de prohibirte:

"No hay alimentos buenos ni malos, solo hay dos cosas, alimentos y productos."  

No hay nada prohibido en realidad. Lo único que hay son alimentos y productos. 

Las dietas, o dejar de comer, pueden activar un atracón descontrolado por la medida compensatoria de la restricción.

 “Buenos y malos” son etiquetas que están en nuestra mente con connotaciones moralistas que nos hacen más mal que bien y nos activan el pulso transgresor y nos hacen sentir muy culpables.

 Por ejemplo, si vamos un día a cenar fuera, parece que ese día tenemos carta blanca para comer de todo y excedernos en cantidad y calidad, no porque realmente que- ramos, sino como forma de actuar del tipo «Hoy me paso y mañana ya comeré menos».

Es lo que suele suceder cuando llega el fin de semana y nos damos el permiso de comer lo que no nos hemos permitido entre semana, aquello que con sideramos «un pecado mortal».

Vamos aguantando como podemos durante la semana como si fuéramos una olla a presión, soportando una intensa hambre voraz que cada vez aprieta más y es más difícil controlar.

Estamos en una lucha constante y esperamos ansiosamente que llegue el viernes por la noche para, por fin, darnos ese atracón y poder ¡por fin! calmar toda la efervescencia de los problemas, el estrés y las tensiones de la semana.

Ahora te invito a reflexionar:

  • ¿Cómo cambiaría para ti tu forma de vivir y de comer si lo hicieras sin prohibiciones? 
  • ¿Aparecen miedos? ¿hay una sensación de liberación? 
  • Y una pregunta más: ¿Qué te parece si en vez de prohibidos le llamamos a partir de hoy "alimentos de juego"?

Si tienes un vínculo emocional con la comida es importante que no te quites nada de comida, ni impidas los atracones de forma forzada. 

Comer en exceso es el síntoma y no se puede controlar conscientemente por ahora.

Pero lo que sí podemos hacer es atender las causas, y encajar las piezas del puzzle de lo que te sucede para volver a la paz y al equilibrio. 

¿Cómo hacerlo?

 Busca ayuda psicoterapéutica y si necesitas que sea yo quien te ayude, solo has de hacérmelo saber.

5. Evita los productos alimentarios ultraprocesados llenos de aditivos adictivos

Aunque esta indicación parece ir en contra de la anterior, es solo un matiz y es necesario añadirlo y saber por qué.

El glutamato monosódico o el jarabe de maíz de alta fructosa que contienen los snacks salados, aceitunas de supermercado convencional, bollería industrial, palitos de cangrejo (sí, esto que parece sano, también lo contiene…)..

Estos aditivos provocan que se activen zonas de placer del cerebro, como sucede con otras drogas, y que no podamos controlarnos ante la necesidad de tomarlos.

Incluso lo contienen los productos light 

Cuidado también con los edulcorantes artificiales como el aspartamo y la sacarina: son edulcorantes químicos tóxicos y neurotóxicos, esto es, tóxicos (asesinos) de nuestras neuronas. 

¿Qué sucede cuando los consumimos?

Engañan a nuestro cuerpo, provocan liberación de insulina y bajadas de azúcar en sangre, con lo que provocan deseo de comer azúcar y hambre voraz.

La sacarina, además, provoca retención de líquidos por su contenido en sodio (sacarina sódica).

Los productos "de dieta" (que no lo son...) llamados light, están repletos de estos edulcorantes. 

El conocimiento nos da libertado y desde aquí podemos elegir lo que nos conviene y lo que no, al menos sabiendo las consecuencias. 

6. Aprende a gestionar el estrés y las emociones:

El estrés además afecta a nuestro intestino, en nuestro sueño y ya hemos visto que en nuestra forma de comer. 

Pocas veces asociamos que lo que nos sucede con la comida puede tener que ver con nuestras circunstancias, el presente, o nuestra historia pasada.

Asociamos más nuestra forma de comer a una falta de fuerza de voluntad, y no es así.

La comida puede ayudarnos a calmar el estrés y digerir situaciones dolorosas o difíciles. 

Cuando hemos tenido un altercado con alguien, o una discusión; o cuando nos sentimos nerviosos, vamos a comer fuera y saciamos las ansias de placer y la libertad que no hemos tenido durante la semana.

Esta especie de concesión nos reconforta por haberlo pasado mal, es nuestro premio.

Esto puede convertirse en un círculo vicioso porque el malestar de sentir que nos estamos excediendo y «no nos hemos portado bien» o nos hemos controlado, nos lleva a comer todavía más: “Qué más da, ya la has fastidiado, así que ¡llénate todo lo que puedas!”». 

¿Te resulta familiar? A mi muchísimo. 

Por ello, será necesario atenderlo, porque si estamos comiendo en exceso, cabe la posibilidad que sea a causa del estrés.

Es importante tomar conciencia y poner en marcha las herramientas de las que disponemos para liberarnos de él y volver al equilibrio.


Te muestro algunos ejemplos sobre cómo podemos gestionarlo:


  • Aprender a gestionar las emociones con algún curso de inteligencia emocional, mindfulness
  • Cualquier práctica de meditación (yoga, chi kung, mindfulness...).
  • Meditaciones guiadas
  • Cualquier actividad que requiera concentración: actividades deportivas y lúdicas, pintar, cantar, coser, hacer macramé o patchwork...
  • Dedícate tiempo para ti: prepárate un baño caliente con aceites esenciales relajan- tes como la lavanda o pide cita para darte un masaje relajante. 
  • Practica regularmente algunas técnicas de respiración abdominal y consciente.
  • Otras actividades de ocio, más triviales, pero muy terapéuticas, para reducir los niveles de estrés y ansiedad: queda con un buen amigo, sal a bailar, ve al cine, mira una serie de humor o una comedia, ve con un grupo de amigos a teatro de improvisación, busca monólogos de humor.

No podemos pasar del desorden al orden en un solo paso. Ni tampoco alimentar la privación, que tanto nos lleva al descontrol.

Aunque ya sé que la tendencia es a querer ir deprisa, te aviso: no por correr mucho se llega antes. Al contrario.

Con lo cual la estrategia ahora es diferente: más respetuosa y sostenible. Pasito a pasito llegaremos al destino.

¡Pero estos cambios son muy pocos cambios! ¡Eeeeep! No subestimes el poder del poquito a poquito…. ¡al final haremos MUCHITO!

Y como tampoco no quiero que me creas, mi propuesta es que experimentes y seas práctica: si hasta ahora no te ha servido lo que has hecho, prueba algo diferente.

Así que te animo a, en vez de quitar, AÑADIR: Añade frutos secos a tu desayuno, fruta en las comidas, añade hortalizas frescas a tus comidas…

"Pero si no quito y añado…¡me engordaré! "

¡No! Cuando añadimos alimentos que satisfacen las  necesidades reales de nuestro cuerpo y nuestra mente, poco a poco, dejamos de obsesionarnos con comida todo el día.

Nuestras células dejan de pedirnos a gritos nutrientes reales que ayuden a mantenerlas vivas. Ese grito que nosotras traducimos en ansiedad por comer, en muchas ocasiones, no son más que nuestras células hambrientas de nutrientes efectivos y esenciales.

¿Cómo llevar esta recomendación a la práctica?

Si comes un croissant en el desayuno, añade una fruta y puñado de frutos secos.

Si comes un plato de pasta, añade un gazpacho o una ensalada de hortalizas de primero con una fruta de postre. (no, la fruta de postre no engorda)

Al mismo tiempo, si quieres dar un paso más, trata de comer todo lo que puedas lo menos envasado posible. No es lo mismo comerse un pastel hecho por ti con ingredientes naturales que bollería industrial, no es lo mismo comerse una paella hecha por ti, que una precocinada.

7. Asegura consumir grasas a diario de buena calidad y en cantidad:

Uno de los mitos más extendidos y que nos perjudica enormemente a la hora de cuidarnos “La grasa engorda.” FALSO

La grasa tiene muchas funciones en nuestro organismo:

●  Reparar piel

●  Neuronas, forma parte de nuestro cerebro

●  Bienestar y equilibrio hormonal: Forma parte de:

Las  hormonas sexuales

Las hormonas del hambre y saciedad: Aumentan la saciedad

○  Mejora nuestra estado de ánimo: positivo, estable

●  Órganos en equilibrio

¿Qué grasas consumir?

Todas las que nos ofrece la madre naturaleza.

Las que sería conveniente evitar entonces al máximo de lo posible o al menos para un consumo diario, serían los ULTRAPROCESADOS Y LAS TRANSHIDROGENADAS (Margarina), y si es posible, productos animales que provienen de la explotación industrial (que comen pienso y que explotados).


Grasa estupendas


  • Aceite de oliva virgen (AOVE) de primera presión en frío: 5 cucharadas de aceite de oliva.
  • Aceite de coco: 2 cucharadas diarias (puedes usarlo para endulzar la leche)
  • Frutos secos, semillas y cremas de semillas (tahinn)
  • Aguacate
  • Huevo ecológicos: 6-7 huevos a la semana.
  • Leche de coco 100%
  • 8. Haz comidas completas con todos los alimentos No quites ningún tipo de alimento:

    Frutas y verduras de todo tipo (de temporada y ecológicas), pescados (no de piscifactoría), cereales integrales o pseudo-cereales (arroz integral, rojo, quinoa, trigo sarraceno, amaranto…), legumbres, semillas (de calabaza, girasol, lino, sésamo…), etc.

    La falta de algún nutriente, como pueden ser las proteínas, puede provocar tener hambre al poco tiempo de haber comido.

    Si llevas una alimentación “pobre” en nutrientes, tus células siguen hambrientas y no pararán de pedir comida hasta que les des los nutrientes que necesitan.

    9. Varía tus platos y disfruta con la comida sana

    La alimentación, además de nutrirnos, ha de satisfacernos. la falta de placer en lo que comes puede desembocar en atracones y picoteos. .

    Si para cuidarte o para adelgazar, basas tu alimentación diaria en platos sin sabor ni color, no durarás mucho tiempo.

    Alimentarte de forma poco satisfactoria es una situación insostenible durante mucho tiempo. ¿Una semana tal vez? O como mucho un mes. ¡Y qué mes! 

    El motivo es que al poco tiempo de comer soso y aburrido, se desatan en ti una serie de reacciones: Hambre voraz, ansiedad de alimentos “prohibidos”, apetito constante e incesante, ganas de picotear productos ultraprocesados que nos generan explosiones de sabor en la boca. 

    10. Encuentra satisfacción en tu vida

    Nuestra forma de vivir, está totalmente relacionada con nuestra forma de comer.  

    Además de la falta de placer en lo que comemos, existen otras situaciones que pueden estar relacionadas con la falta de placer, satisfacción y realización personal.

    Por ejemplo, la falta de reconocimiento, de sen- tirse valorado o la carencia de un proyecto de vida. Tratamos de compensar estas carencias con comida, pero solo lo lo- gramos momentáneamente.

    Cuando se pasa el efecto del sabor o digerimos ese plato, conectamos de nuevo con el vacío interno

    Si no tenemos ninguna fuente de placer en nuestra vida, si nuestra vida es poco satisfactoria, si tenemos un trabajo, relaciones o estudios que no nos llenan ni nos gustan, e incluso si no nos sentimos satisfechos con nosotros mismos, podemos acabar comiendo en exceso.

    Usamos la comida como un desesperado intento de encauzar nuestro camino y solucionar nuestras carencias, además de proporcionarnos el placer y la chispa de emoción y satisfacción que nos falta en la vida.

    Los seres humanos tenemos unas necesidades básicas, y entre ellas están la satisfacción y el placer.

    Si no las saciamos en todas las áreas de la vida, siempre terminaremos por compensarnos de otro modo, y comer es un recurso que usamos.

    11. Registra tus ingestas, emociones y pensamientos

    Elige una libreta y llévala siempre contigo. Cada mañana o cada noche, escribe algunas reflexiones.

    Puedes hacerlo también en otros momentos, como por ejemplo, cuando sientas ansiedad por comer o cuando te invada la sensación de hambre voraz. Busca tu diario y anota cómo te sientes en ese instante

    Puede que sientas resistencia al hacerlo, porque en muchas ocasiones, evitamos y rechazamos sentir nuestras emociones por el miedo a desbordarnos, a no ser capaces de lidiar con lo que sentimos.

    Es necesario que sepas que las emociones en sí son inofensivas, no pueden hacerte daño, podrás sentir dolor, eso sí, pero un dolor soportable.

    Hay una regla inquebrantable de nuestro inconsciente que sirve para protegernos; esta se basa en que nunca conectaremos con nada que no seamos capaces de soportar. 

    Así que si te dejas llevar y conectas con una emoción desagradable, puedes estar seguro de que dispondrás de los recursos necesarios para poder hacerle frente.

    12. Invierte en ti: la salida es hacia dentro. 

    Te quiero contar una cosa personal: Llegó un día en el que me di cuenta con mi propia historia que solo había dominado los atracones y las purgas, controlando la conducta a base de estrategias auto-impuestas. 

    Pero el volcán interno seguía activo y la erupción escapaba por otros lados: relaciones tóxicas, dependencias emocionales, conductas obsesivas y autodestructivas, etcétera.

    Esto me llevó a descubrir que detrás del deseo de bajar de peso —fuera necesario o no—, de los casos de sobrepeso, obesidad, o de la incapacidad de seguir una pauta alimentaria, se escondían desórdenes alimentarios, desequilibrios orgánicos, altos niveles de estrés, malestar, ansiedad y un trasfondo emocional profundo por resolver.

    Y la gran mayoría de casos quedaban escondidos debajo de una aparente falta de voluntad o pereza, porque no todos son tan evidentes o conocidos como la anorexia o la bulimia.

    Del mismo modo sucedía con casos del otro extremo: personas que buscaban la salud perfecta a través de una alimentación obsesiva, restrictiva e intransigente.

    Aunque se manifiestan en formas diferentes hay un denominador común.

    Al igual que los casos de trastorno por atracón, adicción a la comida, etcétera.

     Más allá de las etiquetas y diagnósticos, los orígenes son similares, aunque cada caso es un universo complejo, único y particular.

    Y así debe ser su abordaje y su proceso de recuperación, aprendizaje y sanación. 

    Ya lo dijo Carl Jung: «El zapato que le va bien a una persona es estrecho para otra: No hay receta de vida que vaya bien para todos».

    En mi camino de investigación hace ya más de 14 años descubrí la mayor revelación: tanto los desórdenes metabólicos, como los atracones y los desórdenes alimentarios no eran problemas en sí mismos, sino síntomas que partían de desajustes internos o de necesidades específicas en un plano personal más profundo. 

    Es decir, no eran problemas externos, sino una manifestación externa de problemas (o desequilibrios) internos.

    Lograr un cambio auténtico y verdadero implica aprender, transformar e integrar.

    Esto no se consigue en dos días, re- quiere tiempo, esfuerzo, perseverancia, amor, constancia, paciencia e ilusión, pero el resultado será una gran recompensa.

    Cambiar los hábitos alimentarios y el estilo de vida es ganar en armonía, conquistar el propio equilibrio interior, —lo que se traducirá en un equilibrio exterior— y restaurar el vínculo emocional con la comida.

    Para terminar:

    Si realmente quieres cambiar tu relación con la comida o bajar de peso o mantenerlo, es absolutamente necesario que haya un cambio en tu consciencia y en tu desarrollo personal; para ello, irremediablemente tendrás que ofrecer algo de ti.

    Estoy hablando de compromiso y de responsabilidad.  Pero no de un resultado numérico concreto ni de evidencias físicas desde el primer día.

    Comprometerse significa hacer todo lo que tengas que hacer para lograrlo, lo cual puede implicar leer, formarte, meditar y realizar los cambios necesarios en ti, en tu entorno y en tu vida.

    Responsabilizarse y comprometerse son los requisitos in- dispensables para cambiar nuestro mundo interior, forjar nuestro destino, regular  nuestra forma de comer.

    Para ello es necesario que tomemos las riendas y escuchemos de una vez qué aprendizaje tiene la vida para nosotros; y esto lo lograremos si atendemos el mensaje y las señales que nos está indicando a través de los síntomas que padecemos.  

    ¿Nunca te has preguntado qué esconden tus hábitos alimentarios y por qué después de hacer dieta siempre vuelves a engordar o a comer mal?

    Iniciar una salida hacia dentro y atender las verdaderas causas de lo que nos sucede,  es un largo viaje con retorno a casa, no para ir a un sitio distinto.

    Es una travesía cuyo destino final es reconocerte, redescubrirte, conectar con tu esencia, recobrar tu poder interior y despedirte de ese personaje con el que te has identificado y que, en el fondo, sabes que no eres verdaderamente tú.

    La meta es conectar con la persona que hay debajo de esas capas de grasa, de ese mal humor que se experimenta debido a la culpa tras haberse dado un atracón.

    Ese ser maravilloso y completo sin esa manera tóxica de comer, sin esa obsesión perpetua, sin esas autocríticas que le amargan la vida a él y a los que le rodean.

    «Quiero volver a ser yo», me dicen la mayoría de las personas a las que acompaño, porque, por mucho que nos identifiquemos con los kilos de más o con una forma de comer determinada, sabemos profundamente que somos mucho más que eso.

    Y nuestro verdadero yo está esperando con anhelo ser liberado, reconocido y escuchado.

    Para lograr todo esto, es posible que necesites hacer un proceso terapéutico y recibir acompañamiento.

    Y esto, no es ser débil, al contrario.

    Como dice Brené Brown, "El hecho de reconocer nuestra historia y querernos a nosotras mismas durante todo el proceso es lo más valiente que podremos hacer jamás". 

    Espero haberte ayudado y que encuentres la paz y el bienestar.

    Un abrazo enorme y hasta bien pronto, 

    Sandra.

    Si quieres seguir aprendiendo sobre este tema y obtener recursos para mejorar tu relación con la comida, puedes seguirme en instagram: @sandranavo_psiconutri

    Aviso de copyright: Material registrado:

    Recuerda que todo el material está registrado, y gran parte está registrado por el Grupo Planeta, ya que partes de este post corresponden a mi libro Adiós a las dietas.

    Así que si compartes algún párrafo será necesario que des las referencias. Muchas gracias por comprenderlo. 

    Sandra Navó

    Soy Psiconutricionista Integrativa creadora del Método SANNA y escritora del libro​ Adiós a las dietas. ​Llevo 15 años acompañando a miles de personas de todo el mundo a conocerse a través de su relación con la comida, a creer en ellas mismas, a que su cuerpo recupere el equilibrio hormonal y funcione en su máximo rendimiento, y con ello, desplegar todo su potencial. Ayudo a personas que están sufriendo por su cuerpo, por su forma de comer a que se liberen del sufrimiento, de las dietas, del malestar, de la ansiedad por comer y que se sientan por fin que son capaces de tener las riendas de su alimentación y de su vida. ¿Conectamos?

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    Paulina - 28/12/2017

    Hola Sandra me llamo Paulina y tengo sobrepeso de toda la vida, siempre se metieron conmigo. Ahora tengo 19 años y quiero cambiar, verme guapa y femenina. Nunca me puse un vestido ni unos buenos tacones, al contrario siempre voy que parazco un chicote y es por mi fisico, pero va a cambiar lo digo de veras. Queria preguntarte por unas capsulas Tumex que dicen que se hinchan en el estomago y te quitan el apetito, las conoces? veo muchos comentarios de ellas y la gente esta muy contenta, pero prefiero la opinion de una profesional. Gracias, un saludo.

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      Sandra Navó - 11/03/2018

      Hola Paulina, disculpa por la tardanza!! No había visto el comentario! Lo lamento, no las conozco, pero mira, actualmente no soy partidaria de ningunas pastillas, sino de tratar el problema de raíz. No hay que fiarse de los comentarios de ciertos suplementos puesto que la gran mayoría son falsos. Te mando un abrazo enorme y te deseo que encuentres la solución, tienes todo lo que necesitas para lograrlo, y mucha determinación. Busca ayuda de una profesional Psiconutricionista y ¡¡Adelante!

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    error: ¡Heeeey! No me copies : ( ¡Trabajo muy duro para crear contenido! Si te interesa lo que escribo, puedes compartirlo ; ) Muchas gracias y que trabajes bien